¿Por Dónde Empezar?

¿Por Dónde Empezar?

Durante las pasadas décadas la obesidad se ha convertido en una epidemia mundial principalmente en las sociedades desarrolladas en donde la abundancia de alimentos altamente energéticos y la reducción en la actividad física –originada por el desarrollo tecnológico–, han sido determinantes, según indicó un estudio publicado en Bolivia.

La obesidad está asociada con problemas de salud como diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, hipertensión arterial y diversas variedades de cáncer, además de representar un problema psiquiátrico y estético. Recientemente catalogada como una enfermedad por el Asociacion Americana de Medicos, la obesidad aparece como resultado del balance entre el consumo calórico y el gasto energético del individuo.

UNA DECISIÓN

Comenzar a rebajar comienza con una decisión: precisamente, la de perder peso. Tiene que ser una decisión propia, guiada por la convicción de que es lo mejor para tu salud. No debe ser propiciada por un impulso momentáneo ni por complacer a otros. Debe ser el resultado de un proceso de introspección a través del cual comprendes que al perder libras no solo te quitarás un peso físico, sino también uno emocional, y que ganarás tanto en salud física como en salud mental.

Una vez llegas a ese convencimiento, es preciso que acudas al médico para que te guíe en tu proceso y que no te pase lo mismo que quizás ya has pasado otras veces: te rindes. De hecho, haber pasado por algunos fracasos puede ser causa de uno nuevo, por lo que la asistencia de un profesional de la salud mental como parte del equipo médico que te asistirá en tu meta es altamente recomendada. No te sabotees. Quizás fallaste en otros intentos porque no tenías la convicción para alcanzar tu meta o tal vez no buscaste la ayuda que necesitabas. Pero esta vez sí; aprendiste de los errores del pasado, sabes que te espera un camino empinado, lleno de grandes retos y satisfacciones aun mayores.

Según Myriam Allende, endocrinóloga, la obesidad viene a considerarse una enfermedad debido a las consecuencias que puede experimentar quien la padece, que van desde aumentar la mortalidad hasta una reducida calidad de vida. “En el pasado, buscar ayuda médica por estar sobrepeso u obeso no contaba con el apoyo de los planes médicos a nivel de visitas, laboratorios o medicamentos asociados a obesidad. Al ser reconocida como una enfermedad, los planes se ven en la situación de cubrir los servicios médicos para curarla o prevenirla. El abrir el camino para que se reconozca como enfermedad abre las puertas a que los pacientes puedan requerir los servicios”, dijo a Buenavida.

LA CONDUCTA ALIMENTARIA

Antonio Arteaga, profesor del Departamento de Nutrición, Diabetes y Metabolismo de la Pontifica Universidad Católica de Chile, ha expresado que existe fuerte evidencia sobre la regulación cognitiva de la conducta alimentaria, confirmada con:

  • –la prevalencia de obesidad en los países desarrollados,
  • –la actitud tradicional de comer a horas prefijadas y no inducida por la sensación de hambre,
  • –la incapacidad de las personas para adaptarse a cambios de requerimientos energéticos, como sucede en la tercera edad, en la que se observa un incremento de peso considerado por muchos como normal, pese a la reducción de las necesidades energéticas condicionada por la menor masa grasa y menor actividad física.

Asimismo, los hábitos alimentarios se estructuran a través del aprendizaje familiar y social, fuertemente influenciados por tradiciones, disponibilidad alimentaria, estatus social y simbolismos afectivos. En este contexto, el alimento puede ser utilizado como mecanismo de defensa en contra de la angustia existencial o como recompensa familiar o social.

UN PROBLEMA MULTIFACTORIAL

Ya que has decidido quitarte de encima, 30, 100 o 300 libras de peso, debes conocer qué causa tu obesidad; si se debe a factores exógenos (ambientales) o a factores endógenos (del interior de la persona). Cuando el médico determina la causa, es más fácil delinear el tratamiento a seguir. Los adelantos tecnológicos han permitido derrumbar muchos mitos de salud, revelando causas más profundas para esta enfermedad. De esta forma, se sabe que la obesidad es una enfermedad en la que intervienen factores patológicos, ambientales, neurohormonales, genéticos y a veces, psiquiátricos.

 El apetito y de la saciedad en el cerebro  Crespo- patológicos

FACTORES NEUROHORMONALES

Según el estudio “Obesidad y resistencia a la leptina”, existen numerosos factores neuroendocrinos encargados de regular el metabolismo energético. Se ha encontrado que el tejido adiposo blanco es el principal productor de una hormona llamada leptina, la cual interviene en diversos procesos fisiológicos como la regulación del balance energético, el control del apetito y del peso corporal y el metabolismo de las grasas y glúcidos, entre otros. El estudio de su regulación, conexiones y efectos sobre el sistema nervioso central están resultando fundamentales en la compresión del sistema de regulación del balance energético y de los mecanismos implicados en el desarrollo de obesidad.

Por otro lado, desde hace más de 100 años existen evidencias del efecto de la hormona tiroidea (T3) sobre el gasto energético, hasta tal punto que la determinación del gasto basal fue utilizado por años como índice de función tiroidea. Se ha demostrado que la hormona T3 estimula la producción y el consumo de energía de la células.  De hecho, el genetista Simón Carlos indicó que si la hormona tiroidea está deficiente, causará obesidad porque es la que controla el metabolismo del cuerpo. “Cuando tenemos menos función de esta hormona el metabolismo se vuelve más lento, causando aumento de peso. Hay otras hormonas, como la leptina y otros neurotransmisores que también estimulan el deseo de comer más o menos, pudiendo causar obesidad”.

De acuerdo con Allende, la información más reciente que se tiene sobre las causas de la obesidad apunta a un desbalance neurohormonal y de neurotransmisores; lo que propicia el apetito y determina la saciedad. También se mencionan la genética, la actividad física y cómo la persona metaboliza los alimentos y cuán eficiente es su gasto de energía”.

Para regular el peso y el apetito inciden más de 10 hormonas, hasta ahora identificadas. Las hormonas son unas sustancias que van por la sangre y facilitan la comunicación entre las células y los neurotransmisores. Estos envían mensajes de que la persona está satisfecha o hambrienta, o para que el intestino se mueva más rápido o más lento, o para determinar cómo se utilizarán los alimentos; si los va a derivar energía o los almacena como grasa. La endocrinóloga explicó que en la medida que esto funcione de forma homogénea el sujeto mantiene un peso. En cambio, si hay un trastorno en estas hormonas puede producirse una acumulación excesiva de tejido adiposo (grasa), que es energía acumulada para uso futuro, pero que al estar depositada en las células de grasa causa aumento de peso.

FACTORES GENÉTICOS

Carlo mencionó que dentro de los problemas genéticos se han identificado varios genes asociados a la obesidad. Lo que no se sabe con seguridad es si estos genes la causan completamente o la causan cuando son estimulados por factores ambientales, nutricionales, radiación, etc. “Una persona puede tener los genes de la obesidad, pero si es saludable y se ejercita, probablemente no la desarrolle. Si, por otro lado, ingiere mucha comida chatarra, no se ejercita, no se cuida, sí puede desarrollarla mucho más rápido que cualquier otra persona que no tenga esos genes. Asimismo, es probable que le cueste más trabajo perder ese peso.

El rol del genetista en el grupo de trabajo que te ayudará a perder peso dependerá de la etiología de la obesidad. Si se sabe que hay un gen que está afectado, el genetista tratará de modificar el ambiente al que ese gen está expuesto. Los genes que están asociados a la obesidad son el DQ2 y el DQ3. Si estos están afectados, el genetista tratará de modificar el estilo de vida del paciente. “No tenemos la manera de modificar mucho el genoma humano. Por ejemplo, si sabemos que en la familia corre la obesidad, lo que procede es básicamente lo que recomiendan todos los médicos, cambios en el estilo de vida, entiéndase en la alimentación y el ejercicio. A nivel genético no hay ningún tratamiento de modificación del genoma para el tratamiento de la obesidad”. Sin embargo, a través de la nutrigenómica sí es posible saber qué tipo de comida estimulará el metabolismo de una persona, causando obesidad o no. “Esa es la base de la nutrigenómica; cómo modificar cómo se manifiestan los genes de cada quien por medio de la alimentación”.

De otro lado, algunos medicamentos pueden estimular la acumulación de grasa, aunque, dependerá de la fármacogenética de cada quien. Una persona puede tomar un medicamento para la diabetes y le causa ganancia de peso y a otra no. La deficiencia a la intolerancia a la insulina también causa obesidad, que es lo que les ocurre a los pacientes de diabetes tipo 2. La insulina es una hormona que estimula la utilización del azúcar a nivel celular. “Si está deficiente o si los receptores de insulina a nivel celular están deficientes, esa célula no sentirá que se está alimentando apropiadamente y enviará un mensaje al cerebro para que la persona se siga alimentando más y más, surgiendo como consecuencia un aumento de peso”, explicó el genetista.

FACTORES AMBIENTALES

Arteaga expuso que uno de los principales determinantes de la conducta alimentaria es el aprendizaje familiar y social. Familias con tradición de ser grandes comedores pueden proyectar a sus miembros “patrones de alto consumo”. Mientras, la presión social puede inducir un alto consumo energético en individuos expuestos (vendedores, ejecutivos, representantes sociales) en donde las salidas a cenar son esenciales para su labor.

Asimismo, el sedentarismo y las porciones cada vez más grandes, disponibles y económicas que las comidas más saludables y con menos contenido calórico tienen un rol destacado entre las causas de esta enfermedad. “A la hora de seleccionar, muchos eligen estas opciones que aunque no son tan saludables, están más accesibles. Además, en Puerto Rico, por tradición, las celebraciones giran en torno a la comida. “Graduaciones, cumpleaños… todo se festeja con comida, y usualmente alta en grasas y en porciones abundantes”, manifestó Allende.

ASPECTO PSICOLÓGICO

En los estudios clínicos de obesidad citados por Arteaga frecuentemente se observan desordenes de la conducta alimentaria asociados a obesidad en individuos con alteraciones de la personalidad. Esto lleva a un mayor consumo de alimentos en periodos de angustia, tensión, soledad y aburrimiento. De igual forma, el sedentarismo se presenta con una alta prevalencia en el paciente obeso; en un porcentaje de los casos se describe como una causal primaria (cambios en el ritmo de la actividad física) y en otros como un evento secundario que tiende a agravar la obesidad. Está favorecido por la automatización de la vida diaria y en algunos casos por situaciones psicológicas o psicopatológicas.

Para comenzar…

La primera cosa que una persona que sabe que está obesa y que quiere tomar control de su peso tiene que ir a un profesional de la salud que se encargue de eso, en este caso un bariatra. De ser necesario, este trabajará en conjunto con un endocrinólogo, un cardiólogo o un nutricionista. Jorge Schmidt, bariatra,explico que una vez determinan que medicos atenderan tu salud, el siguiente paso es confeccionar un historial de salud extremadamente exhaustivo que incluye desde el peso que tuviste al nacer, si hubo alguna complicacion, hasta el dia de la consulta con el bariatra. En esta ocasión el medico te ordenara laboratorios especificos: tolerancia al azucar de 2 horas con niveles de insulina, panel de colesterol y trigliceridos y prueba de tiroides. Dependiendo de los resultados, se pueden ordenar otras pruebas adicionales.

“Con estas pruebas buscamos la presencia del Sindrome Metabolico, que consta de 6 criterios y para hacer el diagnostico debemos tener 3 criterios.  El primer criterio es obesidad abdominal; varones 40” o mas, y mujeres 34” o mas de abdomen. Segundo presion arterial 135/85 o mas o tomas medicamentos para la hipertension arterial. Azucar en 100 o mas o ser diabetico. Trigliceridos en 150 o mas. Colesterol bueno, HDL menor de 40 en varones o 50 en mujeres es otro factor. Y por ultimo el colesterol malo (LDL) mayor a 100. Si presenta 3 criterios tienes sindrome metabolico.

Tratamientos:

Consta de 4 pasos, siendo el primero un plan de alimentacion que limite el consumo carbohidratos a la mitad y la otra mitad proteina y grasa. Lo segundo es el ejercicio. “Muchos piensan que hay que mudarse para el gimnasio; si lo quieren hacer y tienen el tiempo no hay problema, pero para poder lograr cambios no tiene que ser tan intenso”, advirtio Schmidt. Con un ejercicio de baja intensidad como caminar 45 minutos, de 5 a 6 dias a la semana es suficiente. Tercero: añadir vitaminas y minerales que tengan vitamina E, acido lipoico, cromio, magnesio, vanadio y omega 3. El cuarto; se pueden añadir medicamentos para reducir el exceso de insulina, como metformin. Otros medicamentos para controlar el apetito son usado en la mayoria de los casos.

Asimismo, el tratamiento varía dependiendo del grado de obesidad y de si está asociada a enfermedades como diabetes, hipertensión, colesterol o trigliceridos en la sangre alteradas o enfermedad cardiovascular, entre otras. Para las personas que requieren tratamiento farmacológico hay medicamentos para controlar el apetito, hay unos que hacen que se sientan más llenas y por lo tanto coman menos; hay otros para eliminar la grasa por el intestino… y están la cirugía metabólica (una variación de la bariátrica) y bariátrica. Sin embargo, la cirugía no es para todo el mundo, sino para aquellos pacientes que cumplan con unos criterios establecidos relacionados con su nivel de obesidad y la presencia de comorbilidades.

“Cuando damos medicamentos para controlar el apetito, estamos hablando de los neurotransmisores que tienen que ver con la regulación del apetito, pero cuando hablamos de problemas hormonales, como cuando hay una resistencia a la leptina en las personas obesas, todavía no tenemos un tratamiento; eso está en investigación”, expresó Allende. La endocrinóloga añadió que “hay unas hormonas que se usan para tratamiento de diabetes que pueden causar reducción de peso y están en vías de ser investigadas para ofrecerlas como tratamiento de obesidad, pero todavía no están aprobadas para obesidad”.

Una cosa es segura: el tratamiento tiene que incluir modificación de estilo de vida –planes alimentarios, nutrición adecuada, actividad física–, y de conducta “porque hay veces que comer en exceso está asociado a estrés, causas psicológicas, medioambiente, presión social”, dijo la endocrinóloga.

Diversos investigadores coinciden en que el control del peso requiere la modificación de muchos hábitos que definen el estilo de vida individual de cada paciente. Es por esto que crear contextos adecuados para la generación de los nuevos comportamientos es importante para optimizar el éxito. En este sentido, es preciso aprovechar todos los recursos personales, familiares y sociales de la persona para reforzar el nuevo repertorio de conductas. Por ejemplo, comprometer a toda la familia en el nuevo estilo alimentario podría ser una vía para estimular el cambio, ya que facilitaría la preparación de los alimentos y el control de comer. A su vez, la red social puede facilitar que la práctica de la actividad física pueda ser una forma de establecer y mantener el apoyo grupal, buscando personas y lugares comunes donde ejercitarse. Aprovechar las rutinas cotidianas para incorporar una nueva conducta puede ser una buena opción para mantener una actividad mínima.

Articulo por Sandra López

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